sábado, 6 de agosto de 2016

Corazón

"Siente una punzada en el pecho, cada vez más aguda. No sabe con qué lo hace. Está demasiado asustada para fijarse en qué tiene en sus manos.
Suena un ruido metálico, por fin lo ha tirado al suelo. Pero ahora utiliza sus dedos, que se revuelven en su interior, buscando algo. Lo tiene y lo comienza a agarrar cada vez con más fuerza. Siente una presión y está a punto de perder el conocimiento, pero continúa sin moverse, como un maniquí. ¿Por qué no ha gritado aún? Sólo mira el enorme torrente de sangre que sale del lado izquierdo de su cuerpo, como una cascada escarlata, de entre la que sobresalen los brazos de quien la retiene con su simple presencia. Ahora puede verlo, es su corazón, todavía latiendo, y lo ha arrancado con sus propias manos.
-Voy a morir- piensa ella.
Pero la frase permanece en su mente. No puede decir nada. Sólo observa desde su posición como él ha cogido su órgano con una mano, lo mira y sonríe con satisfacción, ahora sin perder sus ojos de vista.
Ahora se da la vuelta, pero todavía puede ver esa macabra mueca en sus labios. Deja la bombeante víscera en una mesa, sobre la cual ha colocado un mantel blanco de papel y un juego de cuchillos, de diferentes medidas y tipos, que han sido colocados con sumo cuidado por su tamaño. Así, elige uno de ellos, el que tiene la hoja más ancha y afilada, aunque ella sospecha que ya lo había decidido antes, y, de un solo tajo, corta el corazón por la mitad. ¡PAN! Suena contra la madera. ¡PAN! Ahora la otra mitad. ¡PAN, PAN, PAN! Continúa haciéndolo pedazos.
Con las manos ensangrentadas, limpia el sudor de su cara, dejándola manchada de un rojo carmesí, sólo roto por la blanca sonrisa que aflora entre sus labios.
Y con la misma calma que al principio, recoge cada uno de los trozos que hay sobre la mesa. Ella le mira fijamente, sin perder uno sólo de sus movimientos. Tampoco ha derramado una sola lágrima. Permanece impasible, ni siquiera ha querido comprobar el agujero que asoma en su torso. Sólo quiere que todo acabe.
-“Ahora se marchará. Ahora me dejará en paz”- retumban las palabras en su mente.
-Ahora queda lo mejor- dice él, quien no había pronunciado ni una sola palabra hasta ese momento, pero parece que puede leer sus pensamientos.
Uno a uno, va metiendo cada uno de los pedazos de corazón en su boca. Mastica con avidez y comienza a reír, esta vez más fuerte. Hasta que acaba en una sonora carcajada que no acaba nunca. Y sigue engullendo trozos de corazón. Sus labios están llenos de sangre, al igual que sus manos, las cuales restriega contra la cara de ella. Y alguien más aparece a su lado para compartir el festín, como una especie de ritual. Y entonces aflora una única lágrima. Y él, al verlo, ríe más fuerte…

[…]

-Alba, lo siento. Tenemos que hablar. Creo que debemos terminar. Ya no siento lo mismo, no quiero hacerte más daño. Es lo mejor para los dos. Quería esperar a decírtelo en persona, porque han sido tres años juntos. Pero creo que no seguimos el mismo camino. Tú has cambiado y yo… Bueno, he conocido a otra persona, aunque ya la conocía… es Alicia. Lo siento. Sé que ahora te pareceré un cabrón, pero a la larga es lo mejor. Dime lo que sea. Lo siento.

Ella puede sentirlo al leer el mensaje. Puede oír el ¡PAN, PAN PAN! Escucha las carcajadas de ambos. Nota el vacío en su pecho y tiene que llevar su mano para saber que el latido continúa. Se mira la mano, no hay agujero, no hay sangre. Sólo hay dolor."

Alejandra García. Relato presentado en el concurso "Un folio en blanco".

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