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viernes, 25 de julio de 2014

Gente tóxica

Mil veces repito que me encantaría volver a ser una niña. Jugar, reír, que mi madre me lleve a la cama cuando me quedo dormida en el sofá... Pero, sobre todo, por no ser consciente de la crueldad de la gente. Creo que es algo innato en algunos seres humanos, una característica que van mamando desde su más tierna infancia y que, llegado el momento, utilizan contra aquellos que son más débiles que él.

Y es así como aparecen esos seres llamados "tóxicos" sobre los que mil veces se ha escrito y hablado. Y da igual que el resto del mundo te avise del peligro, ahí caerás como si te fuera la vida en ello...

Cuando escribo este post es porque los últimos acontecimientos alrededor de mi vida me han tocado la fibra (muchos me entenderéis, escribir es una forma de desahogo). Y es que cuando tocan a alguien cercano, rasgas tus vestiduras y no te paras a pensar: ¿en qué momento se me escapó? ¿Por qué ha estado tanto tiempo sin que yo me diera cuenta? ¿Por qué no dejo de sentirme culpable? 

Las personas tóxicas son aquellas que, poco a poco, van comiéndote el terreno, te engañan con sus juegos, te mantienen en un mundo aparte en el que no existe nada más y crees que eres feliz. Así, poquito a poquito, te enredan y, cuando quieres salir, tienes tan minada tu personalidad, que sientes miedo y parece que sólo hay oscuridad alrededor. No eres nadie sin esa persona, tu vida es una mentira enorme y te hacen sentir como la peor bazofia del universo. No os engañéis, este tipo de seres nos pueden alcanzar a cualquiera, sólo es cuestión de dejarte encantar con sus palabras si no somos ágiles.

Y ahora es cuando veo a esta persona tan cercana en ese momento, veo el miedo en sus ojos, me doy cuenta de la cantidad de veces que me ha mentido envuelta en esa toxicidad del individuo que le acompañaba. Ahí está la crueldad, en hacer sentirse al otro relegado a un segundo plano, a que no eres nadie. Y no sirven las palabras. No es fácil apartarle de la oscuridad en la que cree que vivirá. El silencio que ha mantenido, ahora es un grito ahogado que duele más que cualquier bofetada.

Sé que no es fácil tener un radar para sortear a estas personas de vuestro camino, pero hay que abrir los ojos y, sobre todo, comunicarse. El silencio es el peor aliado del mundo y, en la mayoría de los casos, sólo sirve para no dejar que te ayuden. Y, de verdad, pedir ayuda es fundamental.

Y después de soltar este rollo, parece que me quedo más a gusto. Sólo queda ponerse en marcha. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Toros. España. Ole, ole!

Estoy profundamente cabreada con el ser humano. En concreto, con ese sector de la población que defiende a capa y espada (y nunca mejor dicho) esos espectáculos en los que la gente aplaude y vitorea, mientras un pobre toro (y podemos aplicarlo a otras costumbres parecidas con otros animales) agoniza en el suelo, luchando por dar sus últimos suspiros.

Vamos a ver, podéis llamar tradición a lo que, para mí, es una auténtica crueldad. Podéis darme mil razones para justificar unos actos tan deleznables. Incluso, podéis clamar al cielo diciendo que la gente que piensa como yo somos unos irrespetuosos. Da igual, los actos seguirán siendo los mismos, al final morirán seres vivos y, ¡SORPRESA!, los seres vivos también sienten y sufren, aunque no puedan deciros que paréis de clavarlos una lanza con palabras.

Entre los motivos que veo y/o suelo escuchar son el tema de la cultura, el arte (aún no me ha quedado muy claro si el arte es la mancha de sangre que queda en el suelo, así como rollo abstracto) y, por supuesto, la famosa tradición. Tradiciones... en fin. También, hace años, existían tradiciones como que la mujer se quedara en casa sin poder estudiar ni trabajar, que se quemaran a las que se consideraban brujas por ser diferentes, que quien diera su opinión iba a la cárcel (bueno, esto es algo con lo que parece que todavía habrá que convivir), la Inquisición... No sé, creía que las personas habían evolucionado, que primaba el bienestar de cualquier ser vivo. 

Tampoco se me olvida lo de "si no existiera la tauromaquia, estos toros no existirían". Pues bien, qué os parece si cogemos a un perro, lo llevamos a un terreno donde comerá lo mejor y hará lo que le parezca durante unos años, hasta que a mí me apetezca. Será entonces cuando lo lleve a una plaza de toros, o lo suelte en el campo, y, rodeado de gente, morirá después de que se le claven lanzas, se lo toreen o agonice con una espada en su cuello. Cruel, ¿verdad? ¿Y si lo hacemos con una persona? ¿Cuál es la diferencia? ¿Que uno habla y el otro no? No es demagogia, es realidad. REPITO: todos los seres vivos son capaces de sentir el dolor.

Pongo el ejemplo de un perro en primer lugar, porque parece que están mejor considerados.Y digo "parece", porque de gente insensible y cruel está el mundo lleno. Yo he visto perrillos sin vida en mitad del campo, atados a un palo donde se les ha dejado morir sin comida ni agua, porque a su dueño ya no les serviría. Otros, abandonados a su merced en carreteras o por la calle.

Y doy mi opinión sobre todo esto porque ya está bien de que la gente pro "fiesta nacional" pida respeto, cuando en redes sociales leo y veo cosas que hacen que pierda toda compasión por ellas, ya sean fotos limpiando su lanza para matar al toro de Tordesillas, otras de el animal muerto mientras la gente aplaude a su alrededor o mensajes que animan a esta fiesta por "el olor a sangre". Eso no es respeto por su parte, eso es regocijarse en el sufrimiento ajeno.

"La consideración con los animales está íntimamente ligada con la bondad de carácter, de tal suerte que se puede afirmar seguro que, quien es cruel con los animales, no puede ser buena persona. Una compasión por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la conducta moral". Ya lo decía Schopenhauer.

No es necesario que nos conozcan en el resto del mundo por este tipo de atrocidades, tenemos muchas más cosas que mostrar. Y soy consciente de que con este post, muchos se echarán las manos a la cabeza, pero para eso está la libertad de la que muchos hablan.