sábado, 6 de agosto de 2016

Corazón

"Siente una punzada en el pecho, cada vez más aguda. No sabe con qué lo hace. Está demasiado asustada para fijarse en qué tiene en sus manos.
Suena un ruido metálico, por fin lo ha tirado al suelo. Pero ahora utiliza sus dedos, que se revuelven en su interior, buscando algo. Lo tiene y lo comienza a agarrar cada vez con más fuerza. Siente una presión y está a punto de perder el conocimiento, pero continúa sin moverse, como un maniquí. ¿Por qué no ha gritado aún? Sólo mira el enorme torrente de sangre que sale del lado izquierdo de su cuerpo, como una cascada escarlata, de entre la que sobresalen los brazos de quien la retiene con su simple presencia. Ahora puede verlo, es su corazón, todavía latiendo, y lo ha arrancado con sus propias manos.
-Voy a morir- piensa ella.
Pero la frase permanece en su mente. No puede decir nada. Sólo observa desde su posición como él ha cogido su órgano con una mano, lo mira y sonríe con satisfacción, ahora sin perder sus ojos de vista.
Ahora se da la vuelta, pero todavía puede ver esa macabra mueca en sus labios. Deja la bombeante víscera en una mesa, sobre la cual ha colocado un mantel blanco de papel y un juego de cuchillos, de diferentes medidas y tipos, que han sido colocados con sumo cuidado por su tamaño. Así, elige uno de ellos, el que tiene la hoja más ancha y afilada, aunque ella sospecha que ya lo había decidido antes, y, de un solo tajo, corta el corazón por la mitad. ¡PAN! Suena contra la madera. ¡PAN! Ahora la otra mitad. ¡PAN, PAN, PAN! Continúa haciéndolo pedazos.
Con las manos ensangrentadas, limpia el sudor de su cara, dejándola manchada de un rojo carmesí, sólo roto por la blanca sonrisa que aflora entre sus labios.
Y con la misma calma que al principio, recoge cada uno de los trozos que hay sobre la mesa. Ella le mira fijamente, sin perder uno sólo de sus movimientos. Tampoco ha derramado una sola lágrima. Permanece impasible, ni siquiera ha querido comprobar el agujero que asoma en su torso. Sólo quiere que todo acabe.
-“Ahora se marchará. Ahora me dejará en paz”- retumban las palabras en su mente.
-Ahora queda lo mejor- dice él, quien no había pronunciado ni una sola palabra hasta ese momento, pero parece que puede leer sus pensamientos.
Uno a uno, va metiendo cada uno de los pedazos de corazón en su boca. Mastica con avidez y comienza a reír, esta vez más fuerte. Hasta que acaba en una sonora carcajada que no acaba nunca. Y sigue engullendo trozos de corazón. Sus labios están llenos de sangre, al igual que sus manos, las cuales restriega contra la cara de ella. Y alguien más aparece a su lado para compartir el festín, como una especie de ritual. Y entonces aflora una única lágrima. Y él, al verlo, ríe más fuerte…

[…]

-Alba, lo siento. Tenemos que hablar. Creo que debemos terminar. Ya no siento lo mismo, no quiero hacerte más daño. Es lo mejor para los dos. Quería esperar a decírtelo en persona, porque han sido tres años juntos. Pero creo que no seguimos el mismo camino. Tú has cambiado y yo… Bueno, he conocido a otra persona, aunque ya la conocía… es Alicia. Lo siento. Sé que ahora te pareceré un cabrón, pero a la larga es lo mejor. Dime lo que sea. Lo siento.

Ella puede sentirlo al leer el mensaje. Puede oír el ¡PAN, PAN PAN! Escucha las carcajadas de ambos. Nota el vacío en su pecho y tiene que llevar su mano para saber que el latido continúa. Se mira la mano, no hay agujero, no hay sangre. Sólo hay dolor."

Alejandra García. Relato presentado en el concurso "Un folio en blanco".

sábado, 2 de julio de 2016

No te quiere

A veces te toca ser un paño de lágrimas. Y molesta, no por limpiarlas, sino porque ya te olías la tostada hace tiempo. Y no puedes evitar decir un: "¡te lo dije!", mientras abrazas a tu pobre amiga desconsolada... Y piensas: "¿cómo no ha sido capaz de verlo?".

De seres sin sentimientos está el mundo lleno, tanto hombres, como mujeres. Y, en este caso, tras vivir semanas y semanas de constante vida de pseudo-psicóloga, y de "consejosvendoperoparamínotengo", intentando hacer todo lo posible por levantar el ánimo a una persona que sólo ve dolor a su alrededor, me apetecía desahogar todo lo que llevo dentro y aconsejar a futuras personas con el corazón roto. Sé que es algo inevitable. Sí, uno no puede evitar pegarse un tropezón en la vida. Pero, aunque sabemos muchas veces lo que está mal cuando lo vemos de lejos, nunca nos damos cuenta cuando lo tenemos en las narices. ¡Así de ciegos nos vuelve el amor!

  • No te quiere si tienes que mendigar tiempo para ver a esa persona. Nada de: "yo te doy el tiempo que puedo". Vamos a ver, querer es ESTAR DESEANDO para el tiempo con él/ella, no esperar a las migajas que le quedan, cuando no tiene un mejor plan que hacer o ha terminado de rascarse sus partes nobles en el sofá. Y querer es poder. Está claro que cada uno necesita su momento de desconexión. O, incluso, de hacer cosas que no puede por el trabajo o estudios. Pero una cosa es eso, y otra cosa es que no tenga ni 5 minutos en el día para ti. No es el único ser ocupado en el mundo y, si él no cambia algunos de sus planes por ti, tú tampoco.
  • No te quiere si desprecia con comentarios a tus seres más queridos. Y hablo, tanto de personas, como de animalitos (ellos son parte de tu familia). Eso de ir malmetiendo con tu familia y amigos es de las cosas más despreciables que se pueden hacer, porque ellos siempre van a estar ahí. Y si te equivocas, son parte de tu vida. Aconsejar en un momento dado, sí, criticar y descalificar, no.
  • No te quiere si no es capaz JAMÁS de pedir perdón. Una pareja, también, son discusiones. Pero dos no discuten si uno no quiere. Y si te equivocas, pides perdón. Hasta ahí todo claro, ¿verdad? Pues a veces parece que no. Hay personas muy "listillas" que, en lugar de pedir perdón, prefieren machacar a la otra persona para que ella siempre se sienta culpable de todo. Ellos son santos, nunca te faltan al respeto directamente, no gritan, no pierden los papeles. Y con esa serenidad, te hacen pensar que tú te has vuelto loc@ y estás cabread@ por algo que son imaginaciones tuyas. Empiezas a creerlo y, además, a sentirte fatal por algo que no tenías que haber dicho. ERROR. Son personas con un alto grado de manipulación. Hay que discutir, dentro de un límite, sólo así pueden resolverse las diferencias entre dos personas, pero no dejar caer todo el peso sobre el otro. Repito: dos no discuten si uno no quiere.
  • No te quiere cuando no conoce tus gustos. Si ni siquiera te has molestado en mirar más allá de la cama, no intentes hacer regalos, porque puedes quedar fatal. Parece una tontería y de ser un materialista, pero en esos detalles es donde ves si a la otra persona le importas realmente. Molestarte en encontrar, aunque sea la mayor tontería del mundo, algo perfecto, requiere muchas horas de escucharte.
  • No te quiere cuando no le apetece compartir cosas contigo. A lo mejor siempre ha estado solo, no ha tenido pareja, no sabe lo que es... Y está acostumbrado a hacer un viaje, un deporte o cualquier cosa de ese tipo sin compañía. Pero volvamos al primer punto y ahí tendréis la respuesta. O al anterior. Compartir gustos y aficiones, o por lo menos intentarlo, hace ilusión a ambos.
  • No te quiere si te miente. Y más si es con las cosas que más quieres. No hablo sólo de infidelidad, sino de asuntos importantes que, normalmente, salen a la luz cuando ya todo ha terminado. Y no te quiere si es capaz de mentir sobre ti. (Lo de "es que está loc@", ya está muy visto).
  • Y lo más importante: no te quiere si te lo dice en la cara, o no es capaz de decírtelo jamás. Por favor, seres del mundo: no continuéis con algo si sabéis que no va a ninguna parte, porque hacéis un daño innecesario. Y por otro lado: si te dice que no te quiere, no os fustiguéis. No es culpa vuestra. Las cosas terminan y punto, pero quizá, como en el caso que comentaba, os estén haciendo un favor y romper os haga más libres.
Desde aquí, no voy a desear que a tías o tíos como el de mi amiga se les caiga a cachos, o se queden llorando en un rincón porque todo el mundo les abandone. No. Sólo espero que os hagan sentir como hacéis sentir vosotros a los demás. Y que el karma sea sabio.

lunes, 30 de mayo de 2016

La promesa

-No puedo creer que me hagas esto. Tú me querías. Me prometiste que siempre estarías conmigo… ¿Es que todo lo que me dijiste era mentira?

Samantha limpia con sus manos las lágrimas que no dejan de inundarle las mejillas y los labios. Sorbe los mocos que se agolpan en su nariz, con el llanto de un niño que acaba de raspar sus rodillas al caer en el suelo. Tiene las manos empapadas y retira su pelo suelto y enmarañado de la cara, dejándolo aún más revuelto. Sin querer, se mira en el espejo y ve el estado lamentable en el que se encuentra. Aunque ahora es lo que menos le importa, sólo existe el dolor.

-¿Por qué no me lo has dicho? Me has engañado. ¿De verdad creías que no me iba a enterar de que te veías con ESA? No me lo puedo creer… Estaba tan claro… Por eso no contestabas a mis mensajes y no me cogías el teléfono. ¡He sido una imbécil! Sí, una imbécil por creerte. Por creer que tú y yo estaríamos siempre juntos, por creer que me querías sólo a mí. ¿Cuántas veces te la has tirado? ¿Y ella sabía que aún pensabas en mí? Porque estoy segura de que aún lo hacías. Seguro. Tú siempre me has dicho que sólo yo había conseguido volverte tan loco. ¡Y ahora soy yo la loca! Loca porque aún te quiero, porque quiero que vuelvas conmigo. Sólo dime que no la quieres, dime que ha sido un error. Entonces yo te perdonaré y podremos volver juntos.

Silencio. Ninguna respuesta. Samantha deja de morderse las uñas y se mira las manos. ¡Mierda! Había conseguido dejar de hacerlo. Pero es que se ha puesto tan nerviosa… Es culpa suya. Ella era feliz. ¿Por qué ha tenido que acostarse con otra? ¿Por qué ha tenido que romper todos los años que llevaban de felicidad por un simple polvo? ¿Acaso ella era más guapa? ¿Le daba algo que ella no podía? Vuelve a mirarse en el espejo y mira su desastroso reflejo. Es posible que se hubiera dejado un poco los últimos años, pero ¿a quién no le ocurría? Podría arreglarlo. Podría ir a la peluquería, comprarse ropa nueva, ponerse esos escotes que antes conseguían que a Hugo se le cortara la respiración…

-Cariño, sé que ya no soy como cuando nos conocimos. Pero puedo cambiar…-su voz sonaba tan desesperada… Pero haría lo que fuera para recuperarlo. Ella no podía vivir sin él.-Te prometo que volveré a ser la de antes, volveré a arreglarme. Haré que te olvides de ella. ¡Si es una niñata! Ella no sabe nada de ti, pero tú y yo estamos hechos el uno para el otro. ¡Si llevamos desde los 16 años! ¿Te acuerdas de cuando nos conocimos? Ese día me dijiste que no habías visto nada tan bonito… Y yo supe que me casaría contigo, que tendríamos un montón de niños y que no dejaría que nadie nos separara… Sólo dime que me quieres. De verdad que te perdonaré. ¡Te lo juro!- suplicó.

Con una mano volvió a limpiar los fluidos que se amontonaban en su rostro. Nada. Hugo seguía delante de ella mirándola impasible. Era un cobarde. Un cabrón sin sentimientos. ¿Qué le había pasado? ¿Cómo podía verla así y no decir nada?

Detrás de ella oyó un pequeño gemido. ¿ESA se había movido? Creía que ya había acabado con ella.
Arrancó el cuchillo que asomaba sobre su abultado vientre y volvió a clavárselo, esta vez directo al corazón. Una burbuja de sangre salió de su boca. Así se sentiría como ella. Porque ella le había quitado a SU Hugo. Su amor. Y no le había importado destrozarle el suyo.

Escuchó un ruido. Alguien intentaba abrir la puerta con sus llaves.

Arrancó con todas sus fuerzas el cuchillo del corazón. Luego volvería con ella. Sí. Volvió a mirarse en el espejo. Se sentía poderosa. Limpió el cuchillo con su vestido, ese que Hugo le regaló porque decía que le sentaba de muerte, y sostuvo en sus manos la foto que había sobre la cómoda. Ya no hacía falta que contestara. Era demasiado tarde. Oía sus pasos acercándose a la habitación del futuro bebé.

-¡Cariño, ya estoy aquí! ¿Sabes quién ha vuelto a conseguir mi teléfono? Samantha. Parece que no entiende que lo dejáramos hace cinco años. Creo que está trastornada… ¿Cariño?


Samantha sonreía frente a él. Ahora era suyo para siempre. Porque las promesas deben cumplirse.

Alejandra García

jueves, 9 de octubre de 2014

A ver "québola" nos meten...

Además de creadora de este blog, soy ciudadana de Alcorcón. Sí, entre todas las ciudades de España, nuestro querido municipio ha sido el protagonista, sin comerlo ni beberlo, de las informaciones nacionales e internacionales.

Teresa, una vecina más, se prestó al cuidado del infectado de ébola que trasladaron tras (no sé si mucho) pensarlo. Una repatriación que ha traído más cola, incluso, que las famosas tarjetas negras de Bankia (y mira que esto también tiene miga...). No sé de qué se sorprenden muchos, el ébola no es una simple gripe, es una enfermedad que está ahí desde los años 70 y que ha arrasado con el 90% de los infectados. ¿Y qué ocurre ahora? Pues que la pobre auxiliar se encuentra aislada en un hospital, al igual que su marido (aunque él no ha dado positivo), pero como hay que buscar culpables, pues se le echa todo el marrón encima a esta trabajadora.

¿Por qué vamos a buscar culpables en la Sanidad? ¿Para qué vamos a criticar la actitud de la ministra Mato que, incluso, volvió de vacaciones a la playa en medio de una crisis de tal magnitud? Es más, ¿cómo vamos a hablar del Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, cuando acusa a la infectada de haber mentido con los ya famosos 38,6º?

No es cuestión de si se ha tocado la cara con un guante, lo cual es dudoso cuando hablamos de una mujer que día a día trabaja con enfermos y que, probablemente, esté más que acostumbrada a usarlos. Teresa está confusa, está en una situación, seguramente, de pánico, malestar, horror, miedo y de no saber qué va a pasar con ella. 

No sé vosotros, pero yo después de leer la carta de este enfermero de La Paz, dudo mucho que toda la responsabilidad recaiga tan sólo en una persona... Pero siempre es más sencillo lavarse las manos que reconocer un cúmulo de factores que destapen que, seguramente, nadie estaba preparado para una situación de tal calibre.


Ayer en la concentración por Excalibur, frente a la casa de la familia

Y, cómo no, no puedo olvidarme de Excalibur, ese pobre perrito que ha pagado con su vida simplemente por estar ahí. Un ser vivo al que no se le ha dado el beneficio de la duda, que era mucho más fácil quitarse de en medio por las buenas sin, ni tan siquiera, hacerle una prueba para saber si era portador de ese virus. Les han dado igual las protestas, las concentraciones, la palabra de su propio dueño, la opinión de veterinarios para poder investigar una posible cura con sus anticuerpos (si es que estuviera enfermo)... Yo reconozco que he llorado por él y por la tristeza que me da pensar que resulta tan sencillo librarse de un animalillo "ante la duda". Me da por pensar que, porque el resto son personas y estaría mal visto, pero librarse de un ser por si acaso y quemar después su cadáver es lo más rápido y efectivo, no vaya a ser... ¡Ah no! Qué, para muchos, no pasa nada porque sólo es un perro...

Cada vez estoy más convencida de que la gestión de este país, en general, es un cachondeo. Nos roban, nos mienten, nos dejan sin trabajo y ahora no saben gestionar una enfermedad con la que está cundiendo el pánico entre los vecinos: la gente está realmente asustada porque no saben cómo pueden contagiarse. Pero, ¿para qué dar la cara? A ver "québola" nos meten mañana...

viernes, 25 de julio de 2014

Gente tóxica

Mil veces repito que me encantaría volver a ser una niña. Jugar, reír, que mi madre me lleve a la cama cuando me quedo dormida en el sofá... Pero, sobre todo, por no ser consciente de la crueldad de la gente. Creo que es algo innato en algunos seres humanos, una característica que van mamando desde su más tierna infancia y que, llegado el momento, utilizan contra aquellos que son más débiles que él.

Y es así como aparecen esos seres llamados "tóxicos" sobre los que mil veces se ha escrito y hablado. Y da igual que el resto del mundo te avise del peligro, ahí caerás como si te fuera la vida en ello...

Cuando escribo este post es porque los últimos acontecimientos alrededor de mi vida me han tocado la fibra (muchos me entenderéis, escribir es una forma de desahogo). Y es que cuando tocan a alguien cercano, rasgas tus vestiduras y no te paras a pensar: ¿en qué momento se me escapó? ¿Por qué ha estado tanto tiempo sin que yo me diera cuenta? ¿Por qué no dejo de sentirme culpable? 

Las personas tóxicas son aquellas que, poco a poco, van comiéndote el terreno, te engañan con sus juegos, te mantienen en un mundo aparte en el que no existe nada más y crees que eres feliz. Así, poquito a poquito, te enredan y, cuando quieres salir, tienes tan minada tu personalidad, que sientes miedo y parece que sólo hay oscuridad alrededor. No eres nadie sin esa persona, tu vida es una mentira enorme y te hacen sentir como la peor bazofia del universo. No os engañéis, este tipo de seres nos pueden alcanzar a cualquiera, sólo es cuestión de dejarte encantar con sus palabras si no somos ágiles.

Y ahora es cuando veo a esta persona tan cercana en ese momento, veo el miedo en sus ojos, me doy cuenta de la cantidad de veces que me ha mentido envuelta en esa toxicidad del individuo que le acompañaba. Ahí está la crueldad, en hacer sentirse al otro relegado a un segundo plano, a que no eres nadie. Y no sirven las palabras. No es fácil apartarle de la oscuridad en la que cree que vivirá. El silencio que ha mantenido, ahora es un grito ahogado que duele más que cualquier bofetada.

Sé que no es fácil tener un radar para sortear a estas personas de vuestro camino, pero hay que abrir los ojos y, sobre todo, comunicarse. El silencio es el peor aliado del mundo y, en la mayoría de los casos, sólo sirve para no dejar que te ayuden. Y, de verdad, pedir ayuda es fundamental.

Y después de soltar este rollo, parece que me quedo más a gusto. Sólo queda ponerse en marcha. 

sábado, 12 de abril de 2014

Mentes retrógradas

Resulta increíble escuchar a algunas personas decir, a estas alturas, que la culpa de nuestra situación la tienen los inmigrantes. Sí, ni la crisis, ni el Gobierno, ni el mismísimo Mariano Rajoy. Los inmigrantes. 

Os pongo en situación: dos mujeres de más de 50, opinando sobre nuestra Sanidad (sí, esa que nos recortan y quieren privatizar), comentan que es que la culpa la tienen los inmigrantes, que vienen aquí a que les atendamos gratis y que esto no puede ser. Es más, para ella los recortes son inexistentes, todo tiene su raíz en el pobre "sin papeles" que acude a Urgencias a que le atiendan... Y claro, si ellos no tienen trabajo... Pues mire, yo tampoco.

¿Y qué opinión les merecen aquellos que se juegan la vida en el mar para llegar hasta aquí y saltan una valla llena de cuchillas? Pues muy sencillo, que se creen que esto es un mundo de fantasía e ilusión y que aquí les vamos a pagar todo. Qué menuda cara tienen, que no podemos dejar el dinero de nuestro país en dárselo a ellos, que y luego qué hacen. Porque claro, luego se quedan para robarnos... Pero con trabajo sí, que ella no es racista. (¿Por qué siguen utilizándose las mismas excusas?)

Imagen del diario "El País"

El momento álgido de la charla, viene cuando la digo que muchos les contratan para pagarles menos y que, en muchos casos, se hace de forma ilegal. A lo que ella responde indignada que eso no es así, que ahora las mujeres inmigrantes que limpian en tu casa, quieren un contrato con su Seguridad Social, que son muy listas.¿Perdona? ¿Pedir un trabajo digno es tener la cara dura?

Mi cara es un auténtico poema, y la conversación comienza a ser más interesante en el momento en el que una de ellas dice que su hija se ha tenido que ir a trabajar a un país de la UE, y que allí la Sanidad no se la paga nadie, qué es muy injusto. Pobrecita que ella va a trabajar y se encuentra con que no vive como una reina... Vamos a ver, ¿tú hija, aunque no tenga que esconderse en la parte más recóndita de un coche como muchos, no es una inmigrante del país al que ha volado? ¿No se ha marchado dejando a toda su familia y amigos atrás, al igual que todos los que ves en una patera, por buscar un futuro mejor? ¿Tu hija no busca una oportunidad?

Es muy fácil ver la situación desde fuera, cuando a ti no te salpica y no tienes que hacer un esfuerzo sobrehumano para cambiar la situación de tus seres queridos. Ahora, que a tu alrededor la gente se esté marchando lejos por buscarse una vida como antaño, porque la historia parece que siempre se repite y, aún así, sigas mirando con ojos desconfiados y racistas a otros que vienen aquí buscando lo mismo, es para echarse a llorar. ¿En qué clase de mundo vivimos que no nos apiadamos de la gente más necesitada? ¿Es porque ellos no eran tus vecinos?

A esa señora la he dicho que requiere mucho más valor lo que hacen ellos, que cogerse un vuelo y plantarse en otro país de la mamá Europa, sabiendo que si las cosas van mal, podrá volver a su casa, en el caso de su hija. Y otros con menos suerte, se van con una mano delante y otra detrás, cruzando los dedos para que no sea un viaje hecho en vano. ¿No es lo mismo? ¿Cuál es la diferencia? ¿Esos si nos dan pena porque son de "los nuestros"?

Sólo pido que a estas alturas desaparezcan del todo esas trabas mentales. En la situación en la que estamos, muchos no tienen qué llevarse a la boca y su única esperanza es recorrer un montón de kilómetros y, lo poco que puedan ganar, enviárselo a su familia. ¿Acaso no haríamos todos lo mismo en su situación? Menos hipocresía, por favor. Espero que el día que pise tierras lejanas, nadie me mire con la misma aversión que he notado en sus palabras.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

No nos representan

Confieso que cuando empecé la carrera de Periodismo la política me parecía un auténtico aburrimiento: Congresos, discursos eternos en los que no se sacaba nada en claro y a los que terminaba por no prestar atención aunque lo intentara... ¿Y ahora? Pues en este momento me parece objeto de estudio sociológico: ¿Cómo nos corrompe el poder? Así podría titularse...


No hay que irse muy atrás para buscar ejemplos: Carlos Fabra, el hombre al que hay que pasarle nuestro décimo de lotería de Navidad para que a nosotros también nos toque porque la suerte SIEMPRE le acompaña (debería haber salido él este año y no Raphael o Bustamante), no quiere dimitir a pesar de estar condenado a 4 años de prisión. La imagen que todos queremos que represente nuestra Comunidad Autónoma, vamos. ¡Qué no se marcha! ¿Por qué dejar su puesto como cargo público si es corrupto sólo dentro de su casa?

Como este, podemos poner a otros en la palestra (aunque no sean condenados): Cospedal, la eterna cuestionada por los papeles de Bárcenas que, aunque el juez diga que huele a chamusquina, antes muerta que dejar su puesto. Cándido Méndez, que dice que ha pensado en su interior lo de dimitir. Gente sobre la que se cuestiona su transparencia, una palabra que a todos les encanta, pero que pocos hagan honor de ella. Podría estar poniendo nombres y cargos, pero esto se convertiría en el post de nunca acabar... 

¿Qué pasa con la política de este país? Lo voy a decir claramente: se ha convertido en un auténtico cachondeo. Hablamos de personas que, se supone, nos representan, pero no tienen absolutamente nada que ver con el resto de los ciudadanos. Se permiten el lujo de no dimitir, no vaya a ser que la gente les señale con el dedo. Cargos que hablan de nuestra economía utilizando palabras y términos con los que se les llena la boca, pero que sólo son verdades a medias: brotes verdes, vemos la luz al final del túnel, estamos saliendo de la crisis... Vayamos por partes y no cantéis victoria tan rápido, ¿de qué estáis hablando? Es cierto que los datos macroeconómicos son mejores, pero hay una cifra de paro que nos pone los pelos de punta. A la gente no le interesa la prima de riesgo aunque sea importante, es así, le interesa lo que pasa en su casa. Os enorgullecéis de las cifras de paro cuando descienden, pero no habláis de la cantidad de personas (vuestros queridos votantes por los que tanto os preocupáis) que se han marchado buscando un empleo que aquí es misión imposible encontrar. ¿Menos paro? Daros un paseo cualquier mañana por las oficinas del INEM, lo mismo veis la realidad. Por no hablar de que utilizáis los datos como os parece, contando desde el mes que mejor os viene...

Lo siento, pero no me representáis. Ninguno. No me representa una persona que, para llegar a su sueldo mensual, cualquier hijo de vecino que se tomó la molestia de dejar su papelito en las urnas tendría que trabajar durante todo un año. No me representa alguien que pide respeto a sus decisiones por estar en el Gobierno y ser el elegido, pero cuando se le pregunta, no es capaz de dar la cara y huye por los pasillos del Congreso o habla al otro lado de una pantalla para que no toquen temas espinosos. No me representa una persona a la que le molesta que la gente (no olvidéis que son los que os pagan vuestros cuantiosos sueldos) se manifieste. No me representa alguien que pide esfuerzos, mientras ellos sólo tienen facilidades. No me representa alguien que no sabe lo que es vivir con miedo a ser despedido, sin cobrar un sueldo vitalicio.

Esto es lo que tiene tener tiempo libre, que cada vez que enciendo la televisión o leo un periódico, aparece algo nuevo que me chirría en la cabeza. El paro les ha hecho más daño a ellos que a nosotros: no estamos ocupados y nos fijamos más en cada uno de sus movimientos. Es lo que tiene, tendrán que andarse con cuidado.