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jueves, 1 de abril de 2021

Entrevista de trabajo con sorpresa

Si dieran un premio al mayor número de situaciones extrañas o absurdas que alguien ha podido vivir en un empleo/entrevista/proceso, no lo dudéis, me lo llevaría yo.

Fijaos que soy bastante joven aún, pero podría escribir un libro con cantidad de anécdotas que me han ocurrido, como el día que la persona que me contrató me aseguraba una y otra vez que las ruedas de prensa no eran para la prensa (yo era la única redactora, ojo al dato) o el mes que trabajé para un conocido protagonista del papel cuché, entre otros menesteres (por supuesto, esto siempre lo negaré y muy pocas personas lo saben), y que daría para unos cuantos titulares...

No sabría muy bien cuál de mis momentazos se lleva la primera posición, y eso que estaba bastante reñido con aquella secta de la que hablé hace tiempo. Pero voy a arrancar con mi última experiencia para, pasadas mis horas de enfado monumental, que alucinéis conmigo.


Os pongo en situación: aquí, doña Pringada, lleva muchísimos meses buscando trabajo, mientras no ha parado de estudiar como una condená. Y un día recibe LA LLAMADA. Bueno, en realidad fue un correo, lo cual hizo que saltara una pequeña alarma, pero... ¡Oh, God! ¡Por fin! ¡Una entrevista! No era el trabajo de mis sueños, ni el sueldazo de Nescafé, pero oye, ahora mismo cualquier ingreso es bienvenido. Es lo que tiene ser pobre como una rata y conformarse con, casi, cualquier cosa.

Pues muy dispuesta, una servidora se planta al día siguiente en el lugar indicado: una cafetería. A ver, sí, segunda alarma. Pero bueno, pregunto por esto y me comentan que acaban de trasladarse a Madrid (es una empresa de fuera) y están moviendo el tema de la oficina aquí y blablabla... Con mi historial, evidentemente, no me voy a fiar al 100% de nada, pero una es curiosa por naturaleza

Así que, tras hablar de todo lo relacionado con mi futuro puesto y algunos detalles, están encantados con mi perfil, quieren que me quede. Vamos, que podría empezar al día siguiente. RELAX, PLEASE. Y me sugieren ir a ver la oficina. Vale, acepto. Quiero saber el sitio en el que podría empezar a currar, como es lógico.

Aquí yo aviso a medio mundo, por si acaso. De hecho, acabo de recordar la frase que le dije a mi madre: "No sé si me estoy metiendo en otro jardín de los míos...". 

El caso es que todo va fantástico, mi entrevistador súper agradable y yo siendo lo más maja que puedo ser, dejando mi bordería innata a un lado para parecer profesional y darle la razón en que tengo un CV estupendo. Y, os lo juro, me fui hasta contenta en general.

Ahora viene lo gordo. 

Tras perder el día entero entre unas cosas y otras, me dicen que me llamarán de la oficina para comentarme todos los temas relacionados con el contrato y confirmar el horario y todas esas cosas. En este momento, yo ya me pongo la armadura y me preparo, ya que no es la primera vez que me la cuelan por la escuadra.

Así que recibo una llamada de EEUU. Sí. Real. Yo esperaba que tuvieran a alguien aquí establecido, como sería lógico si van a tener que hacer contratos y llevar cosas en este país y, por supuesto, se trata de la primera sorpresa.

La segunda viene cuando pregunto por mi horario, el cual me habían comentado que era por las tardes. No. No hay un horario como tal, que lo mismo un día tengo que ir un par de horas por la mañana, que luego al día siguiente entrar antes... Carraspeo y le digo que me confirme esto, porque vivo a una hora del puesto y tengo que considerar si, por ese salario, voy a estar disponible 24/7 (NO).

Tercera sorpresa. Esta es mi favorita. Se viene... Dentro de mis horas semanales, mi competencia es cuidar del hijo del jefe. ¿¿CÓMO?? Debí de dejar sorda a la pobre muchacha. Me explica que eso hemos hablado durante la entrevista. Otra negativa, por supuesto. Mi querido amigo me comentó que tenía un hijo, tras hablarle de mi primer viaje a Londres para trabajar como au pair; pero de ahí a que, en algún momento, me dijera que yo iba a cuidar de su vástago, hay un trecho bastante importante. Rey, si quieres también te hago la comida y te doy un masajito en los pies cuando llegues a casa.

Ahí no queda la cosa. Yo estaba entrando ya en combustión con otros detalles, aunque no dejaba de pensar mientras hablaba en: han visto mi foto en el perfil de Infojobs y han pensado que soy imbécil o algo. En este momento de alucinar en colores, ya me habla del contrato y me dicen que hay dos opciones: o la vía spanish, con su cotización en la Seguridad Social y esas cosas legales, o lo que aquí llamamos "en negro" (me hizo mucha gracia que me lo soltara con toda la tranquilidad del mundo). ¿Me estás diciendo en serio que pretendes hacerme un contrato desde Mordor y tenerme de ilegal? Efectivamente, me han tomado por estúpida. 

Y, por supuesto, después de todo esto, me preguntan que cuándo empiezo. A puntito estuve de llamar al SAMUR para que me pincharan un calmante. 

En ningún momento voy a empezar, corazón mío. Nunca. Un besi.


Lo más triste de todo esto es que, si no soy yo, otra persona desesperada llegará y tragará con lo que toque.


MORALEJA: O emprendo o no sé qué será lo siguiente que me voy a encontrar.


Si queréis más historias de las buenas, hacédmelo saber.😉

sábado, 12 de abril de 2014

Mentes retrógradas

Resulta increíble escuchar a algunas personas decir, a estas alturas, que la culpa de nuestra situación la tienen los inmigrantes. Sí, ni la crisis, ni el Gobierno, ni el mismísimo Mariano Rajoy. Los inmigrantes. 

Os pongo en situación: dos mujeres de más de 50, opinando sobre nuestra Sanidad (sí, esa que nos recortan y quieren privatizar), comentan que es que la culpa la tienen los inmigrantes, que vienen aquí a que les atendamos gratis y que esto no puede ser. Es más, para ella los recortes son inexistentes, todo tiene su raíz en el pobre "sin papeles" que acude a Urgencias a que le atiendan... Y claro, si ellos no tienen trabajo... Pues mire, yo tampoco.

¿Y qué opinión les merecen aquellos que se juegan la vida en el mar para llegar hasta aquí y saltan una valla llena de cuchillas? Pues muy sencillo, que se creen que esto es un mundo de fantasía e ilusión y que aquí les vamos a pagar todo. Qué menuda cara tienen, que no podemos dejar el dinero de nuestro país en dárselo a ellos, que y luego qué hacen. Porque claro, luego se quedan para robarnos... Pero con trabajo sí, que ella no es racista. (¿Por qué siguen utilizándose las mismas excusas?)

Imagen del diario "El País"

El momento álgido de la charla, viene cuando la digo que muchos les contratan para pagarles menos y que, en muchos casos, se hace de forma ilegal. A lo que ella responde indignada que eso no es así, que ahora las mujeres inmigrantes que limpian en tu casa, quieren un contrato con su Seguridad Social, que son muy listas.¿Perdona? ¿Pedir un trabajo digno es tener la cara dura?

Mi cara es un auténtico poema, y la conversación comienza a ser más interesante en el momento en el que una de ellas dice que su hija se ha tenido que ir a trabajar a un país de la UE, y que allí la Sanidad no se la paga nadie, qué es muy injusto. Pobrecita que ella va a trabajar y se encuentra con que no vive como una reina... Vamos a ver, ¿tú hija, aunque no tenga que esconderse en la parte más recóndita de un coche como muchos, no es una inmigrante del país al que ha volado? ¿No se ha marchado dejando a toda su familia y amigos atrás, al igual que todos los que ves en una patera, por buscar un futuro mejor? ¿Tu hija no busca una oportunidad?

Es muy fácil ver la situación desde fuera, cuando a ti no te salpica y no tienes que hacer un esfuerzo sobrehumano para cambiar la situación de tus seres queridos. Ahora, que a tu alrededor la gente se esté marchando lejos por buscarse una vida como antaño, porque la historia parece que siempre se repite y, aún así, sigas mirando con ojos desconfiados y racistas a otros que vienen aquí buscando lo mismo, es para echarse a llorar. ¿En qué clase de mundo vivimos que no nos apiadamos de la gente más necesitada? ¿Es porque ellos no eran tus vecinos?

A esa señora la he dicho que requiere mucho más valor lo que hacen ellos, que cogerse un vuelo y plantarse en otro país de la mamá Europa, sabiendo que si las cosas van mal, podrá volver a su casa, en el caso de su hija. Y otros con menos suerte, se van con una mano delante y otra detrás, cruzando los dedos para que no sea un viaje hecho en vano. ¿No es lo mismo? ¿Cuál es la diferencia? ¿Esos si nos dan pena porque son de "los nuestros"?

Sólo pido que a estas alturas desaparezcan del todo esas trabas mentales. En la situación en la que estamos, muchos no tienen qué llevarse a la boca y su única esperanza es recorrer un montón de kilómetros y, lo poco que puedan ganar, enviárselo a su familia. ¿Acaso no haríamos todos lo mismo en su situación? Menos hipocresía, por favor. Espero que el día que pise tierras lejanas, nadie me mire con la misma aversión que he notado en sus palabras.